La srita. Sáenz es de esas chicas simpáticas con quien puedes hablar de letras de cualquier color, escritos pardos o muy luminosos, textos amables o incluso feroces. Es cuestión de agarrarle el modo y conversar más allá de la imaginación. Dice que gusta de mis palabras, pero creo que no se ha dado cuenta que ella incitó de nuevo a mi mente a escribir las frases olvidadas en mi cabeza.
Hace meses incluso llegaba en las madrugadas y encontraba a las srita. Sáenz en el ciberespacio, le contaba mis alegrías y mis penas, algo que ahora le cuento como si fuera mi diario personal, le describo las tonalidades de los versos que veo en las personas cuando caminan, cuando hablan, cuando sueñan. Creo que debo de dar gracias a mi prima, ella hizo que mis noches fueran más interesantes.
Sin duda, una sonrisa aparece cada que lo vuelvo a leer.
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