miércoles, 5 de febrero de 2014

Más de quinientas palabras para ti... mientras duermes.

Aprovecho que estás dormida, así no te das cuenta de que me desvelo en tu nombre, y no me reprochas que dijimos dormiríamos al mismo tiempo.

Tal vez no fue una excelente tarde, ya que los sinsabores de meses se acomularon a tropel sobre mis hombros, que al final de cuenta, explotaron cual manada de búfalos sobre caminos nevados. Pisoteando las teclas en formidas palabras, casi casi se veía en negritas, pero gracias a dios no hay opción para eso. Aquí si la hay, pero ya pasó el temblor.

Fueron ganas de llorar, no por maldad, no por lastimar, fueron ganas de llorar por amar a cual bestia somos los seres humanos, tanto nos reprimimos, tanto nos guardamos entre máquinas y carreteras, que olvidamos ser humanos, esos que sienten pinchazos en el corazón cada que son estrujados.

Necesité un poco de dosis de emoción, de amor, de palabras recias, de frases serias, de reclamos, de molestias, incluso un par de palabras dolientes, y una lista de desacuerdos, claro, todo combinado con el soundtrack de Cinema Paradiso para complementar mis puntos y comas.

Te quiero como quiero a mi vida, sin velos entre nosotros, sin tapujos y caras falsas. Te quiero como deberíamos querer cada día, pero a veces nos dejamos arrastrar por la corriente, olvidamos que queriendo sin medida, esa corriente la sentiremos como arroyo en los pies.

Me ha bastado un año, y tal vez menos para poder decidir ser tuyo, no diré palabras cursis, y vaya que estoy haciendo el intento, para no provocarte risas, aunque sería bueno, de vez en cuando es agradable reírse de uno mismo, y del otro, burlarnos de nuestros defectos, señalarnos con el dedo, y olvidarnos que está prohibido por las supuestas reglas de etiqueta.

Me bastan las horas, por lo pronto, que caminamos con prisa para alzanzar a ver esa película que tanto te gusta, y a la vez sin prisa, porque sabemos llegarermos, de todas formas, hasta el lugar de siempre, donde te conocí, en aquella plaza, esa noche, que hacía mucho frío por cierto, y traías las manos heladas, heladas como paleta, bueno no tanto, pero mis manos te las templaron a la misma temperatura que las mías.

Que delicioso es Morricone para escribirte, creo que lo llamaré más seguido a mis oídos, me hace pensarte de buena manera, de callada manera, mientras duermes creyendo dormí al mismo tiempo, sin saber, que te escribo, esas más de quinientas palabras. Espero guardes esto y me avises un día, cuando sean unas diez millones de palabras.

Sabes, me imagino cuando llegues a este punto ya has de haber suspirado por lo menos unas dos veces, espero, si no tendré que seguir esforzádome en mis pensamientos nocturnos.

Otra suposición es que te haga reír, si logro ambas podré decir que mi día está hecho. Y que solo tengo que ocuparme del jueves, y así, por los siglos de los siglos, quererte un día a la vez.